El confinamiento que estamos viviendo nos obliga a aguzar el ingenio en muchos aspectos. Uno de ellos tiene que ver con el espacio doméstico y algunos redescubrimientos que estamos haciendo. Ya sea de tareas del hogar a las que nunca nos habíamos abocado (veo mucha gente limpiando vidrios por primera vez en su vida!) como de zonas de la casa que desconocíamos.

El balcón: protagonista de estos días de encierro

Una de ellas es el balcón. Es el rincón que nos permite escaparnos en estos días vacilantes -aunque sea por un rato- de este encierro involuntario. Ya sea para tomar un poco de aire o para mirar el cielo. Para tomarnos una cervecita o fumar un cigarro. En el mejor de los casos, para una comida o cena en compañía.

El balcón de mi casa: aún en sus 47 cm de ancho desayunamos, comemos, tomamos el sol, o nos echamos una siesta… en una hamaca desmontable!

También se ha visto en algunas poblaciones improvisados solistas entonando un concierto a capella o bien solidarios vecinos que salen al anochecer -acompañados por el tañido de las conmovedoras campanadas de la iglesia- a aplaudir al personal sanitario que se está dejando la piel en esta gesta humanitaria. Los balcones están siendo el reemplazo de las calles como espacio para la socialización.

El balcón como plataforma para el aplauso solidario dedicado al personal sanitario

Cualquier balcón sirve: grande o pequeño, ancho o estrecho, cubierto o descubierto. En cualquier caso podremos improvisar una pequeña superficie de apoyo acompañada de algún taburete o elemento sobre el cual sentarnos y hacer un poco más confortable nuestra permanencia allí.

Balcón de aires marítimos en Barcelona: madera rústica y motivos marítimos en los cojines.
¡Si hasta podríamos pensar que estamos en la cubierta de un barco!
Este balcón desangelado fue reconvertido por medio del revestimiento del suelo (con láminas de madera aptas exteriores) y un mobiliario sencillo pero resistente. Un palet con cojines y una mesa con dos taburetes que pueden guardarse en el interior de la misma. El color ciruela claro de las paredes otorga una cálida sensación primaveral que invita a salir, aún en los fríos días invernales
Un pequeño balcón en el Eixample, que se utilizaba solo para tender la ropa. Mediante la adición de una mesa, dos sillas plegables y unas jardineras suspendidas con brillantes geranios,
lo convertimos en una de las habitaciones más deseables del piso
La profusión de plantas, la madera y el color terracota de las paredes
promueven un cambio espectacular en esta terraza de Hospitalet de Llobregat.
“¡Ahora sí que dan ganas de salir!” fue el comentario de la propietaria en los primeros días de estreno

Ya ves que no hay excusas para no disfrutar del balcón de tu casa: tenga las dimensiones que tenga o sean cuales sean sus características, seguramente podrás improvisar allí un rincón en el cual recuperar el contacto con el aire y el sol en este tiempo peculiar que nos toca vivir.

Artículo en el diario La Vanguardia: El lenguaje de los balcones

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