V está a punto de mudarse de piso ¡Sólo le falta un mes! El piso nuevo le encanta: es más grande, espacioso y luminoso que donde viven actualmente ella y su marido. Al revés que muchas parejas de mediana edad -con hijos y nietos- que se van a vivir a un sitio más pequeño, ellos optan por cambiarse a esta vivienda más grande ya que L, el marido, es un gran coleccionista y necesita cada vez más sitio para sus colecciones.

El piso está en muy buenas condiciones: cocina y baño nuevos, pero… mmmhhhh… ¡Los colores ! Se ven tristes y apagados. ¡Hay que darle más vida ! La duda principal es: ¿Qué pinto? ¿De qué color?

¿Pinto las puertas? ¿Las paredes? ¿Todas? ¿Algunas? Después de estudiar el piso, la distribución, la luz, el destino que V y L le darían a cada habitación, el diagnóstico es el siguiente: el color actual es frío, un verde claro insulso que iría muy bien a un consultorio odontológico de los años 70, pero no a una vivienda del siglo XXI.

Por otra parte el suelo de terrazo tiene unos matices anaranjados/crema suaves que no quedan nada bien con el verde.

¡Aquí está la pista! Elegiremos alguno de esos colores presentes en el terrazo para “amalgamar” con las paredes. Este es un truco muy interesante para hacer cuando se tiene terrazo y no se va a cambiar el suelo. Si no puedes luchar contra él, ¡ Hazte su amigo !

Los tonos elegidos son de los llamados “intermedios”, ni muy claros ni muy oscuros, para que hagan contraste con las puertas que están pintadas de beige/arena. Un color básico (“Harina Tostada”) para las habitaciones principales de la casa: recibidor, salón, pasillos y cocina. “Bisón” para el dormitorio principal, para dar todavía mayor contraste a los muebles blancos. En el estudio de L: “Trovador”, un beige bastante oscuro y masculino. Por el contrario, en el escritorio de V: un ciruela intenso inspirado en los vitraux de la puerta de acceso (otro elemento, al igual que el suelo, que nos ha servido de modelo para decidir colores).

Una vez solucionado el tema colores, quedaba por decidir cómo decorar el vestíbulo de acceso. Respetando los muebles de madera existentes (el piso es alquilado y la idea es no hacer demasiadas modificaciones) sólo introdujimos un par de complementos: en el espacio que estaba destinado a plantas, reprodujimos un pequeño jardín zen, con arena, piedras y un Buda. ¡Para invitar a la meditación y al relax apenas entrar!

Un espejo oscuro, acabado en piel marrón, que no compite con el mueble existente ni por color ni por textura, sino que lo complementa, colocado de manera apaisada para hacer más ancho el recibidor, acaban de redondear la propuesta.

V y L se mudan en estos días…

¡Ojalá sean muy felices en su nuevo hogar!

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